Argentina - Mercado Avícola
ARGENTINA - MERCADO AVICOLA - CRECIMIENTO - VENTAS - PRODUCCION - DEMANDA
La avicultura argentina levanta vuelo
El pasado y el presente se funden con una estridencia feroz. A menos de dos kilómetros de los despojos del Liebig, un verdadero hito de los frigoríficos ingleses, los galpones avícolas crecen como hongos a razón de cuatro por semana, las plantas de faena se agrandan, las instalaciones de incubación ganan espacio y los proyectos de inversión florecen (68 millones de dólares). Todo esto en el mismo país, la misma tierra y surcados por la historia de familias y empresarios que provienen de las colonias agrícolas de San José, Villa Elisa, Colón y Concepción del Uruguay.
Pocos sectores agroindustriales como el avícola pueden mostrar una recuperación tan vertiginosa. En 2002 todo parecía irse por la borda, hoy sólo se habla de "expansión", de caso "modelo", de "liderazgo" y de un ejemplo de "integración". Las expectativas de crecimiento, según un plan trazado por el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), indican que este año la producción alcanzará 1.040.000 toneladas de carne de pollo, contra las 921.000 del año pasado, de las cuales 824.000 toneladas se destinarán al mercado interno y unas 135.000 toneladas serán embarcadas a unos 52 países.
Precisamente, la exportación es una de las patas sobre las que se apoya este sector. Este año se estiman ventas por US$ 125 millones, un 42% por encima de 2004. Para 2010, la proyección es incrementar en un 918% el volumen de ventas respecto de 2003. La Argentina, por ahora, no mueve la aguja del mercado internacional, porque representa apenas el dos por ciento del comercio. Tal vez, este potencial sea una de las claves para que el grupo Los Grobo, junto con otras empresas, decidiera invertir 40 millones de dólares en un complejo avícola en la provincia de Córdoba. Aquello de transformar el maíz en carne no representa una mala idea en la actual ecuación de costos de producción y precios del cereal.
La crisis de 2002 resultó casi terminal. El ingreso de pollos desde Brasil, uno de los principales productores mundiales, con precios subsidiados, y la falta de competitividad interna habían jaqueado a la avicultura local. Más tarde, la devaluación liberó el freno de mano con el que transitaban las empresas y, un poco más adelante, la aparición de la influenza aviar en Asia otorgó el impulso final para el decolaje. Ahora, el vuelo del sector parece tranquilo después de los últimos reconocimientos sanitarios como país libre de Newcastle y libre de influenza aviar, que, de todas formas, no deja de representar una inquietud (ver página 8).
"Tenemos programas de inversión para aumentar la capacidad de producción porque no podemos crecer más sin ellos", expresó la gerente de calidad de Las Camelias, Graciela Marsó, en referencia a los productores y la necesidad de un evolución armónica de toda la cadena. Las Camelias faena unos 80.000 pollos por día a razón de 11.000 por hora, de los cuales el 40 por ciento se exporta. En la planta, sobre la vera del río Uruguay y de la que pueden divisarse las chimeneas del viejo Liebig, el ritmo es frenético.
"El principal obstáculo es la construcción de galpones de cría en las granjas; tenemos 350 productores integrados y finalizaremos en octubre con la construcción de seis kilómetros de tinglados: para el año próximo tenemos proyectados 20 kilómetros más", añadió el presidente de la empresa, Raúl Marsó. Son la tercera generación al frente de la empresa. Todos viven en San José o en los alrededores y desde allí proyectan la llegada de sus productos a los lugares más recónditos del mundo. Las garras de pollo, a China y Hong Kong; los cartílagos a Japón; el corazón a Brasil; el hígado y la panza a Sudáfrica y Rusia; las alas a China; las pechugas a Europa y Chile, y el pollo entero a Chile, Rusia, Qatar, Arabia Saudita y América Central. El menú es grande y la demanda, también.
"Preparamos la planta porque queremos recuperar el mercado interno, que creció más de lo previsto", señaló Raúl, puesto que hoy se consumen aproximadamente 25 kilos de carne de pollo al año, cuando las previsiones eran que llegara a los 26 kilos por persona en 2010. "En poco tiempo podríamos alcanzar los 30 kilos, lo que significaría un incremento de la demanda del 20% sólo en el mercado interno", consideró Marsó. Hace tres años, el consumo per cápita era de 19 kilos anuales. Las Camelias hizo fuertes inversiones, como un túnel de frío, máquinas de trozado, incubadoras y la construcción de una nueva planta de alimento balanceado de 100.000 toneladas en Villaguay. Unas 750 personas trabajan en forma directa en el establecimiento, que articula desde la producción hasta la comercialización de productos. Según datos de CEPA, en los últimos dos años la industria avícola generó unos 3600 puestos de trabajo nuevos.
Durante la década del noventa la mayoría de las empresas avícolas concentró sus inversiones en la adquisición de bienes de capital con la mira puesta en la exportación. "La exportación, algo que surgió en la década pasada, nos permitió administrar los stocks sin perjudicar la producción de pollos porque cuando cae el consumo están los mercados externos", explicó la gerente de calidad de Las Camelias.
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