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Argentina - Mercado de Carnes

TODO LO NECESARIO PARA CONOCER EL MERCADO DE GANADOS Y CARNES.

Durante el presente año hemos señalado las favorables condiciones del mercado de carne tanto a nivel interno como externo.

Hemos resaltado que desde hace más de 40 años no coincidían los tres elementos necesarios para salir del estancamiento sectorial de las últimas décadas. Estos son:

1. 1. Demanda interna sostenida y creciente, producto del incremento de la ocupación de mano de obra, con su consiguiente impacto sobre la masa salarial;

2. 2. Demanda externa sostenida y creciente, generada por problemas sanitarios, (BSE en USA y Canadá), cambio de reglas económicas (la reducción de los subsidios en la UE) y aumento de la demanda desde el sudeste asiático y Rusia.

3. 3. Tipo de cambio fuertemente competitivo.

Estas condiciones generaron el mayor crecimiento de la exportaciones de los últimos 25 años y permitieron que el consumo interno retornara al nivel de 1993.

Lo descripto en los párrafos anteriores hizo que se produjera un aumento del precio de la hacienda en pie, que en el último año fue de 15,6%, y de la carne al consumidor, que llegó a 17,9% (octubre-octubre).

Repetimos lo dicho en informes anteriores. Dos buenas noticias, como son el aumento del consumo interno y de las exportaciones, se traducen irremediablemente en una mala noticia, aumento del precio al consumidor de la carne y efecto sobre la tasa de inflación.

Hemos visto que a pesar del aumento anual del precio referido en el párrafo anterior, el Poder Ejecutivo no había tomado medidas que retrasaran el crecimiento sectorial – recordemos la política de acuerdos de precios – hasta que la aparición de aftosa en Brasil generó que algunos analistas de mercado (intencionadamente o no) difundieran erróneas interpretaciones de la influencia que este hecho generaría sobre la demanda externa de carnes argentinas. De esta manera, se impulsó la legítima retención de hacienda que produjo un aumento súbito del precio de la hacienda y su traslado al consumidor.

Ante este hecho, en el último mes el ahora ex-ministro de Economía, Roberto Lavagna, adoptó medidas que van claramente en contra del desarrollo a largo plazo de la cadena de valor de la carne vacuna. Por un lado, eliminó el reintegro a la exportación y, por el otro lado, impuso un derecho de exportación adicional de 10% al vigente (que ya era de 5%), en la creencia de que estas medidas contribuirán a frenar el ascenso del precio de la carne vacuna en el mercado interno.

Al igual que los acuerdos de precios realizados por el gobierno, transitoriamente pueden contener las subas de los precios de algunos cortes, pero el efecto más claro es el desaliento a la producción pecuaria y la actividad frigorífica a mediano/largo plazo. Para los productores agropecuarios y para los frigoríficos que apuestan al crecimiento sectorial, estas medidas constituyen señales muy negativas.

A partir de 2005, ante la caída del precio relativo grano/carne y frente a las perspectivas sólidas de las demandas interna y externa de carnes vacunas argentinas, los productores comenzaron a tomar decisiones en consecuencia. Lo que ocurre es que este proceso requiere tiempo, con el agravante de que para aumentar la oferta futura, en el presente hay que limitar la faena de hembras. Afortunadamente, la caída relativa del precio del maíz favoreció su utilización más extendida en la ganadería, lo que se tradujo en un aumento de la oferta de carne por mayor peso promedio de la res faenada.

Al intervenir el gobierno con estas medidas, impide que los precios actúen como una señal y afecta las decisiones de los productores. Si ello es así, en el mejor de los casos la oferta va a crecer más lentamente que en ausencia de intervención, porque algunos productores buscarán actividades alternativas menos reguladas. Y consecuentemente, el alza del precio de la carne se prolongará por más tiempo.

El problema se agrava cuando se pone en contexto el aumento del precio de la carne vacuna. ¿Es la carne vacuna la responsable de la aceleración de la tasa de inflación en Argentina 2005? Desde abril de 2005 en adelante, el aumento del precio de la carne (contenido parcialmente por los acuerdos de precios) fue inferior al aumento del nivel general del IPC, del conjunto de alimentos y bebidas, del precio del pollo, etc.

Entonces, ¿cuáles son las causas de la aceleración de la inflación? Por un lado, la política monetaria expansiva seguida por el Banco Central para sostener el dólar, que está generando un exceso de liquidez que ya no es absorbido por el público como en 2002-2003. Por otro lado, en 2005 el gasto público creció fuertemente, “sobre-cebando” el motor de la demanda privada que ya estaba en pleno funcionamiento.

Asimismo, la capacidad ociosa que existía en 2003-2004 y que permitió responder a la mayor demanda, en la actualidad ya no existe.

Pero, es importante poner el aumento del precio de la carne en contexto. Es cierto que el precio de la carne vacuna exhibe una tendencia alcista desde noviembre de 2003, momento desde el cual acumula un alza de 31,8%. Pero, desde abril de este año en términos relativos a cualquier otro índice de precios, el precio de la carne vacuna no sólo no creció, sino que en muchos casos bajó fuertemente. Los gráficos que presentamos en la sección Nº 2 de este Informe, muestran cómo el precio de la carne subió menos que el nivel general del IPC y que sus principales componentes (salvo con relación a los precios regulados, que el gobierno todavía está difiriendo), que el conjunto de alimentos y bebidas y que el precio del pollo.

Desde el Poder Ejecutivo se justifica el aumento de los derechos de exportación, con el objetivo de proteger el bien-salario, pero sin tener en cuenta los efectos que sobre la importante cadena de ganados y carne esta medida generará.

Este objetivo, que en principio puede aparecer como muy justificado, pierde justificación cuando se lo analiza más profundamente. La pseudo-solución de corto plazo impide el crecimiento de tres sectores, el de la carne vacuna en primer lugar y el de la carne porcina en segundo término y finalmente el del sector avícola.

Desde hace más de 40 años se ha utilizado el mismo mecanismo para sostener el plausible argumento de proteger el salario de la población, y desde hace más de 40 años evitamos el crecimiento de tres sectores importantes de la economía, el sector bovino y el porcino y el aviar.

En todo el mundo el precio de estos tres productos cárnicos se conforma en relación directa con la velocidad de rotación del capital y con la tasa de conversión de alimento (maíz) en carne. Todos sabemos que en la actualidad un pollo demanda 56 días para estar en condiciones de ser faenado, un cerdo no más de 180 y un vacuno de 700 a 900 días. Por lo tanto, en la medida que impedimos el reacomodamiento de precio de la carne vacuna impedimos el desarrollo y crecimiento del los sectores porcino y aviar.

El cambio de autoridades en el ministerio de Economía recrea las condiciones para el diálogo con todos los actores de la cadena. Parece además impostergable que sea desde la cadena de ganados y carnes desde donde se analice y consensúe una propuesta que atienda a las necesidades del sector y del Estado, y sea a partir de este punto desde donde se emprenda un camino de crecimiento permanente.

INDICADORES ECONÓMICOS SECTORIALES:

1. OFERTA DE CARNE VACUNA – 9 MESES ’05 Y PERSPECTIVAS:

En septiembre los frigoríficos vacunos faenaron alrededor de 1.200.000 cabezas, un nivel que se resultaría 4,8% inferior al de agosto (efecto estacional) y 1,3% menor al de igual mes del año pasado. De esta manera, en los primeros nueve meses del año la faena total llegó a un nivel de 10,61 millones de cabezas, acumulando una caída de sólo 0,3% con relación al período comprendido entre enero y septiembre de 2004.

Hasta septiembre la faena promedio mensual se ubicó en el mismo nivel que en los primeros nueve meses del año pasado: 1,18 millones de cabezas.

Cuando se analiza la faena tipificada se puede observar que las hembras siguen reduciendo su participación en la faena total con respecto a lo observado en los dos años previos. En enero-septiembre exhibieron una participación de 43,7%, es decir 2,7 puntos porcentuales menos que en enero-septiembre de 2004 y 0,4 puntos porcentuales menos que en similar lapso de 2003.

Se retrajeron las faenas de vacas (-5,0%) y de terneras (-9,8%) respecto a los primeros nueve meses del año pasado. En cambio, creció levemente la faena de vaquillonas (1,3%). Por un lado, a lo largo de 2005 resultó más conveniente retener vientres para recomponer existencias, debido a las perspectivas alentadoras a mediano y largo plazo que se avizoraban para el sector, al menos hasta septiembre de este año. Asimismo, la mejora de la relación de precios entre carne y maíz, hizo que los productores retuvieran los animales más tiempo para alimentarlos con suplementación de granos y mejorar su terminación. Esto último se tradujo en un mayor peso promedio de todas las categorías, tanto de las hembras como de los machos. Por otro lado, las bajas tasas de preñez y de destete del segundo semestre ’03-primer semestre ’04, impactaron negativamente en la cantidad de terneros/as disponibles para enviar a faena.

Del lado de los machos, la faena de novillos fue la que más creció en lo que va de 2005. En los primeros nueve meses del año se enviaron a los frigoríficos 2.920.814 novillos, es decir 414.319 animales más que en enero-septiembre de 2004 (16,5%).

Esto hizo que su participación en el total retornara a 33,1%, creciendo su importancia relativa en 4,1 puntos porcentuales con relación a lo observado en similar período de 2004. En este caso en particular, no sólo influyó la oportunidad del engorde con suplementación de maíz, sino también la dinámica de la demanda externa de carnes vacunas argentinas.

En lo que va de 2005, el aumento del peso promedio de todas las categorías y el cambio de composición que exhibió la faena a favor de los novillos y en detrimento de las categorías más jóvenes y livianas con relación al ejercicio anterior, se tradujo en un ascenso del peso promedio por animal faenado, tanto en pie como en gancho. En enero-septiembre de este año el peso promedio subió 4,2% con relación al mismo período de 2004, alcanzando un nivel de 217,4 kilogramos en gancho (220 kilogramos en septiembre). Los mayores aumentos de peso promedio se registraron en vacas y novillos: +6,4 y +3,1 kg/gancho, respectivamente.

Como indicamos en informes anteriores, el aumento del peso promedio en gancho más que compensó la retracción en el nivel de faena. En consecuencia, en los primeros nueve meses de 2005 los frigoríficos vacunos produjeron 4,0% más de carne que en enero-septiembre de 2004. La producción total pasó de 2,219 a 2,308 millones de toneladas res con hueso entre los períodos considerados (+88.303 toneladas res con hueso).

Hasta acá el panorama sectorial hasta septiembre. Pero, ¿qué sucederá de aquí en más? En el último mes, el ahora ex-ministro de Economía, Roberto Lavagna, adoptó medidas que van claramente en contra del desarrollo a largo plazo de la cadena de valor de la carne vacuna. Por un lado, eliminó el reintegro a la exportación y, por el otro lado, impuso un derecho de exportación adicional de 10% al vigente (que ya era de 5%), en la creencia de que estas medidas contribuirán a frenar el ascenso del precio de la carne vacuna en el mercado interno.

Al igual que los acuerdos de precios realizados por el gobierno, transitoriamente pueden contener las subas de los precios de algunos cortes, pero el efecto más claro es el desaliento a la producción pecuaria y la actividad frigorífica a mediano/largo plazo. Para los productores agropecuarios y para los frigoríficos que apuestan al crecimiento sectorial, estas medidas constituyen señales muy negativas.

Es importante tener en cuenta que el descalce entre oferta y demanda que hizo subir el precio de la carne desde noviembre de 2003, no es producto de la miopía de los empresarios. Entre 2001 y 2004 fue más rentable producir granos que carne vacuna.

Porque la carne argentina no podía acceder al exterior y porque puertas adentro la capacidad adquisitiva iba en retroceso. A ello hay que agregarle el impacto positivo de la devaluación sobre los precios de los granos y el alza internacional de éstos entre 2003 y comienzos de 2004.

En conjunto todos estos factores orientaron las decisiones de los productores hacia la agricultura. Y como si fuera poco, en el segundo semestre de 2003-primera parte de 2004 la adversidad climática hizo que los índices de preñez y de destete posterior fueran bajos, reduciendo aún más la disponibilidad de animales para faena en el ejercicio en curso.

A la inversa, en 2005, ante la caída del precio relativo grano/carne y frente a las perspectivas sólidas de las demandas interna y externa de carnes vacunas argentinas, los productores comenzaron a tomar decisiones en consecuencia. Lo que ocurre es que este proceso requiere tiempo, con el agravante de que para aumentar la oferta futura, en el presente hay que limitar la faena de hembras. Afortunadamente, la caída relativa del precio del maíz favoreció su utilización más extendida en la ganadería, lo que se tradujo en un aumento de la oferta de carne por mayor peso promedio de la res faenada.

Al intervenir, el gobierno impide que los precios actúen como una señal y afectan las decisiones de los productores. Si ello es así, en el mejor de los casos la oferta va a crecer más lentamente que en ausencia de intervención, porque algunos productores buscarán actividades alternativas menos reguladas. Y consecuentemente, el alza del precio de la carne se prolongará por más tiempo.

El problema se agrava cuando se pone en contexto el aumento del precio de la carne vacuna. ¿Es la carne vacuna la responsable de la aceleración de la tasa de inflación en Argentina 2005? La próxima sección indica que no. Desde abril de 2005 en adelante, el aumento del precio de la carne (contenido parcialmente por los acuerdos de precios) fue inferior al aumento del nivel general del IPC, del conjunto de alimentos y bebidas, del precio del pollo, etc.

Entonces, ¿cuáles son las causas de la aceleración de la inflación? Por un lado, la política monetaria expansiva seguida por el Banco Central para sostener el dólar está generando un exceso de liquidez que ya no se absorbe como en 2002-2003. Por otro lado, en 2005 el gasto público, de la mano del calendario electoral, creció fuertemente, “sobrecebando” el motor de la demanda privada que ya estaba en pleno funcionamiento. Asimismo, la capacidad ociosa que existía en 2003-2004 y que permitió responder a la mayor demanda, en la actualidad ya no existe.

2. AUMENTO DEL PRECIO DE LA CARNE PUESTO EN PERSPECTIVA:

En octubre el precio promedio de la carne vacuna en Capital Federal y el Conurbano Bonaerense, registró una baja de 0,3%, en respuesta a la baja del precio de la hacienda en pie del mes anterior. Hay que recordar que el precio de la carne vacuna está positivamente correlacionado con el precio de la hacienda en pie, aunque su reacción no es instantánea. Existe un rezago normal asociado al ciclo de los negocios. En términos interanuales, el precio de la carne vacuna experimentó un alza de 17,9%.

Pero, es importante poner el aumento del precio de la carne en contexto. Es cierto que el precio de la carne vacuna exhibe una tendencia alcista desde noviembre de 2003, momento desde el cual acumula un alza de 31,8%. Pero, desde abril de este año en términos relativos a cualquier otro índice de precios, el precio de la carne vacuna no sólo no creció, sino que en muchos casos bajó fuertemente. Los gráficos de la página 10 muestran cómo el precio de la carne subió menos que el nivel general del IPC y que sus principales componentes (salvo con relación a los precios regulados, que el gobierno todavía está difiriendo), que el conjunto de alimentos y bebidas y que el precio del pollo.

Esto se debe a que en 2005 la aceleración del aumento sistemático del nivel general de los precios se explicó por factores ajenos al mercado de la carne vacuna. Tal como establecimos en la sección anterior, el aumento de la tasa de inflación responde a tres factores:

1. 1. Política fiscal expansiva. Este año, el gobierno hizo que el gasto público creciera más rápido que los ingresos tributarios, a diferencia de lo observado en 2003-2004 (22,9% vs. 16,8%, respectivamente);

2. 2. Política monetaria expansiva. El Banco Central emite pesos para comprar el exceso de oferta de dólares y evitar que la relación peso-dólar disminuya. Pero el Banco Central no los puede reabsorber plenamente con emisión de títulos públicos, porque para ello debería reconocer una mayor suba de la tasa de interés y no está dispuesto a hacerlo. En consecuencia, las empresas y las familias involuntariamente se encuentran con mayores tenencias de pesos.

Esto hace que salgan a consumir, sobre todo bienes de consumo durables (autos, electrodomésticos, etc.) que eran los que más se habían postergado durante la crisis.

3. 3. Caída de la capacidad ociosa y restricción energética. En 2003-2004, la recuperación de la demanda interna encontró al sector productivo con capacidad ociosa. En consecuencia, crecieron más los volúmenes vendidos que los precios. En 2005 eso ya no es cierto, en muchos casos la mayor demanda privada compite con la expansión del gasto público frente a una oferta que crece muy lentamente, por falta de capacidad instalada o por problemas en el abastecimiento energético. Esta fricción genera una aceleración de la tasa de inflación.

Asimismo, el aumento del empleo formal e informal, hizo que las demandas por recomposición salarial fueran creciendo. La redistribución de ingresos que eso implica no es neutral con relación a la tasa de inflación. Por el contrario, genera un exceso de demanda de bienes, como ocurre en el caso de la carne vacuna.

4. 4. Inflación internacional. El aumento del precio internacional del petróleo hasta un nivel récord (nominal) histórico no impactó sobre los precios de los combustibles en el mercado interno. Pero el gobierno no pudo impedir que impactara sobre los precios de los productos derivados del petróleo (petroquímicos, plásticos, etc.).

Por lo tanto, la clave de la tasa de inflación pasa por ver cómo enfrentan esta realidad el ministerio de Economía, el Banco Central y, también, el ministerio de Planificación. Este último, debido a que debe establecer cómo será el cronograma de ajuste de tarifas de los servicios privatizados (para los consumidores residenciales) y cuál será el plan de inversiones que se desarrollará sobre todo en el área energética (la alianza con Venezuela no es suficiente).

3. PRECIO RELATIVO NOVILLO-MAÃ?Z:

En octubre, el aumento del precio en pesos del novillo (3,9%) por encima del aumento del dólar (1,6%) y la caída del precio en dólares del maíz (-2,0%, tercera caída consecutiva), hicieron que el precio relativo novillo-maíz mostrara una suba de 4,5% mensual. Esta suba interrumpió el proceso de contracción que venía mostrando en los últimos seis meses. En términos interanuales, el precio relativo subió 11,0% y se ubicó en 9,82.

Fuente: Agrodiario



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